lunes, 24 de julio de 2017

Diario de a bordo: Noruega y los Fiordos en crucero

Noruega y sus famosos fiordos son siempre un objetivo que permanece en la mente de todos aquellos viajeros que no los han visitado, como era mi caso. Idealizas en tu imaginación los posibles paisajes, sus cascadas y todos sus monumentos naturales, así cómo algunas postales tan típicas como las casas de colores del barrio de Bryggen en Bergen. Tras varios años de pensar en cómo y cuando visitaría esta fascinante parte del mundo, por fin llegó la oportunidad y he podido cumplir ese deseo. ¿El cómo? Pues siempre había pensado que sería en carretera, con un coche y llegando heroicamente al mítico Cabo Norte, el extremo norte del continente, pero repentinamente salió la opción de hacerlo mediante un crucero y nos lanzamos a ello.

Mapa de https://www.costacruceros.es

Es evidente que la perspectiva de una visita a Noruega y los fiordos es distinta si la visitas en coche o mediante un crucero, pero una no tiene porqué ser mejor que la otra, simplemente son alternativas que en muchos casos acaban siendo incluso complementarias, porque al llegar a un fiordo, por poner un ejemplo en coche, obtendrás unas panorámicas generales sublimes del mismo, pero se hace casi imprescindible contratar algún tipo de tour en barco para verlo desde dentro, navegar a través de toda su profundidad entre las descomunales paredes. Sin ir más lejos, la perspectiva desde la que se disfrutan algunos enclaves como el fiordo de Geiranger, son imposibles de conseguir fuera de un barco.

Nuestro crucero duró 12 días y las paradas fueron diversas y en buen número, diversificando visitas para abarcar todo tipo de gustos, desde fiordos como el de Geiranger hasta pequeñas y coquetas ciudades como Alesund. El recorrido partía de la ciudad alemana de Hamburgo y llegaba hasta el Cabo Norte, con múltiples paradas en el camino.

Hamburgo, el mejor entrante alemán para un viaje por Noruega

La conocida como 'Venecia del Norte' es sin duda una ciudad excepcional. Bella, calmada y ordenada. Una buena manera de empezar con ella puede ser pasear por el lago Alster, un pequeño lago artificial en el centro de la ciudad que ofrece paz y tranquilidad a quienes lo recorren por su orilla. Este recorrido debe desembocar de manera innegociable en el Rathaus, el ayuntamiento de la ciudad es probablemente su edificio más destacado y un monumento arquitectónico de tamaño descomunal.

El imponente Rathaus
El famoso edificio de Elbphilharmonie

Cuando dejas atrás el Rathaus, las expectativas que uno tenía sobre la ciudad ya habrán crecido y aunque personalmente no creo que haya nada que supere a esta magnífica construcción, hay que decir que la ciudad no acaba aquí. La imponente Catedral de St. Michaelis y las vistas desde su torre te dejarán sin aliento antes de llegar al otro emblema de la ciudad, el archifamoso Elbphilharmonie o Filarmónica de Hamburgo, en el distrito de Hafen City y con un perfil que cualquier arquitecto reconoce pese a que a los mundanos puede que nos resulte algo menos conocido. Sea como sea y aunque no lo conocieses antes, no lo olvidarás tras visitarlo, desde abajo y también aprovechando los tickets gratuitos que reparten en las taquillas para poder subir a la plaza de la parte superior y conocerlo desde dentro.

Pero un recorrido por la ciudad estaría huérfano sin un paseo por el pintoresco barrio de Sankt Pauli, un barrio libre al estilo del barrio rojo de Ámsterdam, que se agita por la noche y enciende sus luces de neón, exhibe sus oportunidades en forma de pecado y tienta al viajero con sus malas intenciones. Pero el barrio que vio nacer a The Beatles (no dejes de ver la plaza en su honor) no es solo vicio y lujuria, y es justo decir que se trata de un lugar conocido mundialmente por su aceptación y su integración, siendo un ejemplo a la hora de reclamar de manera activa derechos humanos y sociales. Si tenéis alguna duda sobre ello, podéis buscar en la red sobre las iniciativas que han activado tanto el barrio como su famoso equipo de fútbol, que sin ir más lejos, ofreció alojamiento en su tribuna a doscientas personas que hace pocos días fueron a protestar contra el G20, reunido en la ciudad esos días.

Y si de verdad quieres acabar con el mejor sabor de boca posible de la ciudad, puedes ir a comer o cenar al Hofbraühaus, con varios restaurantes en la ciudad, este local de origen bávaro es de lo más típico que puedes encontrar y sirven un currywurst y un pastel de queso y patatas delicioso. Por supuesto, todo bien acompañado de una buena jarra de cerveza.

Alesund, la ciudad a los pies del Monte Aksla

Una ciudad pequeña y pausada que es todo un ejemplo de como renacer de tus propias cenizas. Un incendio hace más de una década (en 1904) destruyó gran parte de la ciudad, que aprovechó las tendencias del momento para volver a alzarse como ejemplo del art noveau alemán, gracias en gran parte al káiser Guillermo II de Alemania, que veraneaba en la ciudad. Pero la orografía de la ciudad también ayuda a su belleza. Alargada, cortada por una lengua de agua en dos partes y coronada en uno de sus extremos por el magnífico Monte Aksla, al que se puede subir accediendo desde el Byparken a través de sus 418 escalones que llevan hasta el mirador de Fjellstua. Desde aquí, el panorama de la ciudad es imponente, pudiendo ver todo el archipiélago, incluyendo la pequeña isla de Giske, en la que nació el famoso vikingo Rollo.

Vistas de Alesund desde el Montse Aksla

Honningsvag, el Cabo Norte y el sol de medianoche

Situado a 35 km del Cabo Norte, Honningsvag se considera la ciudad más al norte de Europa (y del mundo, según la consideración de ciudad). Tras ella, solo se encuentra el mágico Nordkapp como extremo del continente. Y sí, el Cabo Norte es un enclave mágico, porqué a parte del centro de visitantes y la conocida bola del mundo que marca el punto más al norte del continente europeo, no encontrarás nada más. Y sin embargo, llegar allí es una sensación que pocos viajeros olvidan y se convierte desde el momento en el que lo pisas en un lugar marcado a fuego en tu memoria. Llegar al norte de Europa a través de sus carreteras plagadas de nieve, lagos y rebaños de renos es indescriptible.

Hemos llegado al Cabo Norte!

Tras pasar el tiempo que estimes oportuno devorando el paisaje, toca emprender el camino de vuelta a la coqueta Honningsvag para visitar su diminuta iglesia de madera, una de las contadas iglesias que quedaron en pie en el norte de Noruega tras la Segunda Guerra Mundial, sirviendo a la postre para alojar a todo un pueblo que durmió durante varios días tras ver destruidas casi la totalidad de las casas.

Confirmamos la llegada al Cabo Norte...

Con el agitado día estarás deseando irte a la cama, pero tendrás que esforzarte un poco porque aquí el cuerpo no te lo va a pedir y es que hasta finales del mes de julio se produce el fenómeno del sol de medianoche, por el cual hay 24 horas de luz solar. Exacto, no se hace nunca de noche. Y esto es tal cual y fue una de las cosas que más me impacto de este viaje, por mucho que pasen las horas y entres en la madrugada, el sol no desaparece y la luz es como si estuvieses en plena mañana durante todo el día. Un efecto curioso que evidentemente afecta al ritmo de tu cuerpo, ya que difícilmente te pedirá a plena luz del día meterte en la cama a dormir! Ya os digo, un fenómeno de lo más increíble.

Tromso, la capital del Ártico

Aún por encima del Círculo Polar Ártico, Tromso es una de las ciudades más grandes del país y la más importante del norte de Noruega, además de ser uno de los mejores lugares del mundo para cuando toque, ir a la caza de las auroras boreales.

Conocida como la 'capital del Ártico', Tromso tiene dos puntos clave que nadie, absolutamente nadie que viaje a Noruega debería perderse. El primero es el monte Floya, a 420 m. de altura y al que se accede con el funicular de Fjellheisen o caminando por un sendero bastante empinado. Una vez arriba, la vistas son tan impresionantes que desearás pasar allí todo el día. El segundo es la Iglesia de Tromsdalen, más conocida como la Catedral del Ártico y se calcula que es la atracción más fotografiada del país.

Catedral del Ártico

Vistas de Tromso desde el Monte Floya

Pero Tromso es mucho más y en tu visita de la cuidad puedes recorrer la bonita Catedral de Nuestra Señora de Tromso, construida en madera, el barco MS Polstjerna, famoso en la caza de focas y que hoy alberga un museo dedicado a las condiciones de vida a bordo de un barco en el ártico, el curioso edificio de la Biblioteca Pública y Archivo de la ciudad, anterior sede del cine Fokus y con una cubierta inspirada en el famoso arquitecto mexicano Félix Candela. Puedes acabar en la bonita calle peatonal principal (Storgata) recorriendo los comercios locales y acercándote a la saludar a la estatua de Roald Amundsen, el primero en llegar al Polo Sur, que queda  un poco lejos...

Islas Lofoten, un paraíso de playas de arena blanca en el Ártico

Este conjunto de islas es una de las paradas estrella en cualquier viaje por Noruega. Paisajes de ensueño, altos picos nevados rodeadas por la inmensidad del agua, pequeños pueblos de pescadores con un encanto especial e incluso algunas playas de arena blanca con un agua cristalina en las que, si la temperatura acompaña (nada fácil en estas latitudes) puedes darte un baño de lo más selecto.

Alquilar un coche puede ser lo más práctico ya que, todas las islas están conectadas mediante túneles subacuáticos o puentes y son de muy fácil acceso. Con él podrás llegar a los pueblos que elijas, planificar bien tu ruta y disfrutar de los maravillosos paisajes por el camino.

Nusfjord

Nosotros visitamos la relativamente grande Leknes, centro de muchas actividades de las Lofoten, el popular Nusfjord, pequeño y con encanto aunque con bastantes turistas, el minúsculo Flakstad y su iglesia roja de madera en lo que es una estampa sublime y decidimos llegar hasta el final del archipiélago, donde se encuentra el pueblo con el nombre más peculiar, Å, también salpicado por casas de pescadores y un buen restaurante en el muelle, donde los bocadillos de salmón ahumado son deliciosos.

Pequeña iglesia de madera de Flakstad

Hay otras muchas pequeñas localidades, como Hamnoya, Ramberg, Henningsvaer, Svolvaer o Nyksund, así como los puntos panorámicos de Einangen y Hagskaret. Y otras muchas que seguro nos dejamos en el camino, pero que con tiempo son fáciles de recorrer por carretera y seguro que permiten de disfrutar del camino como lo hicimos nosotros.

Trondheim, la ciudad de los universitarios

La tercera ciudad más grande de Noruega es el emblema universitario del país y aún destila algo de la grandeza de la que antaño fuese capital nacional. Esa grandeza adquiere su mayor esplendor al observar la gigantesca Catedral de Nidaros, una obra maestra de la arquitectura gótica en los países nórdicos. Al lado, el Palacio de Arzobispo y el museo que muestra la historia real noruega también deja entrever los tiempo exitosos de Trondheim.

Catedral de Nidaros

Vistas del barrio de Bakklandet

Aunque un paseo por esta ciudad debe comenzar ineludiblemente por estas dos magníficas construcciones, no se debe pasar por alto el puente viejo (Game Bybro), uno de los símbolos de la ciudad que conecta desde 1681 la dos partes de la ciudad, cortada por el río Nidelva. Al otro lado del puente encontrarás una estampa bonita gracias a las casas de madera de colores tan típicas en el país, que dan entrada al hoy bohemio barrio de Bakklandet, donde se puede disfrutar de un café en alguno de sus encantadores locales.

Aunque hay otros lugares con cierto encanto en la ciudad, como los jardines Stiftsgården, en un palacio construido en el siglo XVIII y que hoy es una de las residencias reales o la calle comercial Nordre gate, con comercios de todo tipo y cafeterías para hacer un impás, ninguno llega a la altura de los anteriores, que sin duda convierten a Trondheim en una de las paradas más relevantes del viaje.

Geiranger, un fiordo con mayúsculas

Llegar a Geiranger en barco a través del fiordo fue probablemente la sensación que me despertó mayores emociones del viaje. Es apasionante traspasar sus paredes salpicadas por constantes saltos de agua que van de menos a más conforme te acercas al pequeño pueblo por el que recibe nombre el fiordo. El punto culminante llega cuando cruzas la Seven Sister Falls, una cascada que se va bifurcando en hasta siete bajantes de un tamaño extraordinario. No es difícil quedarte boquiabierto un buen rato ante tal espectáculo natural.

Seven Sisters Falls desde el barco


Tras llegar al pequeño muelle y realizar el oportuno desembarco, deberás cruzar el pueblo, habitualmente plagado de visitantes, hasta llegar a la cascada que desemboca a los pies de Geiranger. Allí empieza un no demasiado largo camino de subida por el borde de este bajante de agua que se transforma en cascada en algunos puntos. Al final del camino te espera el centro de visitantes de la UNESCO con información del fiordo y unas cookies deliciosas que podrás oler desde antes de cruzar la puerta.

De nuevo en el pueblo, si no dispones de vehículo propio es imprescindible acercarse a la oficina de Geirangerfjord Tours, una pequeña agencia local preparada a la perfección para la marabunta que se acerca cada día a este pequeño pueblo con apenas 250 habitantes permanentes. Allí puedes contratar varios tours en autobús, barco, kayak, etc. y acercarte con ellos a puntos tan singulares y especiales como el punto panorámico de Flydalsjuvet, la cima del monte Dalsnibba y su recientemente estrenado skywalk al puro estilo Gran Cañón, el lago Djupvatn o el impresionante Eagle's Bend o mirador de Ørnevegen, al final de la conocida carretera de los trolls. La cuestión no es si te va a gustar este recorrido, la pregunta aquí será que punto será el que más te impresionante.

Bergen y el curioso caso de su mercado de pescado

Probablemente todos hayamos visto en algún momento las típicas casas de colores de Bergen como postal representativa del país, y con la expectativa de encontrarme con esa maravillosa panorámica llegaba a Bergen. Y aunque a día de hoy esas casitas tan típicas hayan quedado principalmente para el uso de tiendas de recuerdos, es igual de cierto que la imagen sigue siendo deslumbrante y llamativa para la vista. Y también es cierto que personalmente, el barrio de Bryggen me gustó (así es como se llama el barrio donde se encuentra el conjunto de casas).

Vistas del turístico barrio de Bryggen

Y también me gustó Bergen, una ciudad grande pero tranquila, con bonitos enclaves como la Fortaleza de Bergenhus, destruida durante la II Guerra Mundial y restaurada posteriormente, o la Catedral de San Olav, muy en obras durante nuestro paso por la ciudad, pero que conserva los fundamentos de dos construcciones previas sobre las que se levantaron la actual catedral. Así como lugares como por ejemplo el Byparken y su lago Lungegardsvann, perfecto para pasar un buen rato entre naturaleza o, el funicular Fløibanen  hasta lo alto del monte Floyen, desde el que se obtienen las mejores panorámicas de Bergen, aunque durante las horas centrales del día hay que estar preparado para hacer cola.

Pero sin duda, lo que más peculiar me pareció fue su Fisketorger, plagado de paradas con pescado fresco y todo tipo de productos artesanales donde hacer un alto en el camino disfrutando de un buen salmón salvaje, un bacalao o simplemente una soberbia mariscada. También encontrarás carne de ballena, animal protegido en el resto del mundo (solo se puede pescar en Islandia, Noruega y Japón por 'costumbres ancestrales') y que representa un tipo de pesca a la que personalmente no quiero contribuir. Pero para el que no tenga dilemas éticos, es una oportunidad para probarla. La curiosidad de este mercado de pescado se da cuando vas viendo que en casi todas las paradas los propietarios son extrajeros, gran parte de españoles o italianos, que según nos explicaron vienen a Bergen durante varios meses a trabajar en este mercado y vuelven a casa con los bolsillos bien llenos para pasar el resto del año. No es sencillo encontrar propietarios o trabajadores locales en el Fisketorger de Bergen y sin embargo es habitual que te acabes comunicando en los puestecitos en tu propio idioma.

miércoles, 24 de mayo de 2017

20 cosas que ver y hacer en un fin de semana en Dublín

Ya estamos de vuelta de nuestro fin de semana en Dublín! Hacía bastante tiempo que no hacíamos una escapada express de este tipo, pero esta vez aprovechamos la excusa de visitar a un familiar para escaparnos un fin de semana a la capital irlandesa.
No suele ser habitual ver el sol en la isla, pero la suerte se alió con nosotros y nos premió con un sol espléndido dos de los tres días que estuvimos en Dublín, además de una temperatura agradable que evitó que tuviésemos la excusa perfecta para resguardanos en cualquiera de lo centenares de pubs que hay en la capital. Tuvimos que dejar para las horas nocturnas esa empresa, igual de importante que cualquier otra en la capital irlandesa.
Tras estos días, os propongo una lista con las 20 cosas que no debéis dejar de hacer si visitáis Dublín:
1. O'Connell Street.
Pasea por la una de las calles más comerciales de la ciudad, plagada de cafés y pubs con sus terrazas a rebosar en cuanto salen los primeros rayos de sol. No faltará el ambiente y las ganas de sentarte a disfrutar de una deliciosa pinta.
2. Temple Bar
No podía faltar el icono más famoso de la capital irlandesa. En Temple Bar podrás disfrutar de un agradable paseo entre locales con música en directo, aunque suele estar abarrotado de gente y lógicamente, aquí encontrarás los precios mas altos de toda la ciudad. Si más no, y aunque evitaría sentarme en los pubs más típicos de Temple Bar, es obligatorio vivir y empaparte del ambiente de esta zona. 
Llega la noche y el lleno a Temple Bar
3. Universidad Trinity College y su Biblioteca
La universidad más antigua de Irlanda está formada por un conjunto de edificios monumentales y de gran valor arquitectónico. Cómo colofón a la visita, hay que pasar bajo su arco (solo para los que ya han acabado su carrera universitaria, sino dicen que da mala suerte!!) y si te apetece, entrar a su biblioteca para ver el famoso Libro de Kells, datado del siglo IX, en la Edad Media y considerado uno de los vestigios más importantes del arte religioso de la época.
4. Guiness Storehouse y el Gravity Bar
Personalmente pienso que se ha sobre explotado esta experiencia. La fábrica es una maravilla y te mantendrá entretenido casi toda una tarde, con un montón de posibilidades históricas, interactivas y de otros tipos. La culminación llega en su planta más elevada, cuando llegas al Gravity Bar y mientras te tomas una pinta disfrutas de unas vistas de Dublin que difícilmente tendrás en otro lugar de la ciudad. ¿El pero? Pues que nosotros encontramos una cola que daba la vuelta a la calle, calculamos que más de dos horas para entrar sin ticketscomprados previamente. Encontramos una solución comprándolos online con el móvil local del que disponíamos, pero aún así nos tocó esperar un buen rato y la fábrica estaba realmente llena en su interior. Francamente, esperaba más de la visita.
Una pinta en la Guinness Storehouse!!
5. Custom House
Este edificio de estilo neoclásico funcionó como aduana del puerto de la ciudad y se encuentra en un lugar privilegiado, a orillas del río. El dato curioso es que a los 9 años de la creación de este edificio, las competencias aduaneras se transfirieron a Londres y la Custom House quedó en desuso. Eso no quita que sea el edificio más llamativo a orillas del río Liffey y uno de los más fotografiados. A día de hoy, es la sede del Ministerio de Medio Ambiente.
6. Castillo de Dublín
En pleno corazón de la ciudad, es hoy un lugar para celebraciones muy puntuales y oficiales. Aunque por fuera no parezca el típico castillo que esperas, se puede visitar su interior para compensar.
7. Dublinia
Merece la pena dedicarle un par de horas a visitar esta exposición interactiva sobre la historia de Dublín durante la época vikinga.
8. Parque de Saint Stephen’s Green
Uno de los parques más grandes de la ciudad, situado en pleno centro y con un pequeño lago que servirá para salir unos instantes de la multitud de gente que por momentos invade el centro de Dublín.
9. Catedral de San Patricio
De la época medieval, es todo un emblema en la ciudad y lleva el nombre del patrón de la ciudad. Es la iglesia más grande del país y fue allí dónde San Patricio bautizó a los conversos alrededor del año 450. La catedral más importante de irlanda revosa historia y es una de las visitas más obligadas si vas a pasar unos días en la ciudad.
10. El río Liffey y el Ha'penny Bridge
Cualquier ciudad cruzada por un río es digna de las mejores fotos, pero si a esto le añades un puente de la belleza del Ha'penny Bridge, es difícil resistirse a sus encantos. Durante el día suele estar abarrotado, así que lo mejor es ir hacía última hora de la tarde, pudiendo tomar además unas bonitas fotos con la puesta de sol de fondo. 
Vistas desde el Ha'penny Bridge
11. Christ Church Cathedral
Construida en 1028, se encuentra justo delante del edificio de Dublinia y se puede comprar una entrada conjunta para ambos sitios. Es la más antigua de las dos catedrales medievales de la ciudad y merece la pena verla, tanto por fuera, un edificio impresionante, como por dentro.
12. Phoenix Park
No lo pensaríamos antes de llegar, pero en Dublín se encuentra el parque urbano más grande de Europa. Es más grande que el Central Park de Nueva York y en él se puede pasar todo un día caminando y buscando a los ciervos que lo habitan. Un pulmón con mayúsculas.
13. Estatua de la famosa vendedora ambulante Molly Malone.
La creadora de una de las canciones más famosas de Irlanda y a la postre himno oficioso, tiene una estatua en el centro de Dublín. ¡Encuéntrala y hazle una visita!
14. Tomar una cerveza en The Church, un curioso bar dentro de una iglesia.
Hay centenares de pubs en Dublín, pero a nosotros este fue el que más nos sorprendió. Dentro de una iglesia, siempre encontrarás ambiente y mucha gente con pintas arriba y abajo. Si la planta principal está llena, prueba a bajar a la cripta, en un ambiente más relajado y realmente auténtico.
15. O'Reilly's Pub
La vida nocturna de Dublín es muy agitada y hay decenas de pubs que saciarán tus ganas de juerga. A nosotros nos encantó este pub de ambiente heavy metal que prácticamente se cuela dentro de la estación de trenes de Tara Street, con pintas baratísimas y situado en un lugar único. ¡La diversión está asegurada en el O'Reilly's Pub!

16. Grafton Street
No dejes de dar una vuelta por la que quizás sea la calle peatonal más importante de Dublín, plagada de comercios y músicos tocando en directo. ¡Guarda tu dinero porque será difícil no gastarlo!
17. Cárcel de Kilmainham
Está situada a las afueras de la ciudad, pasada la Guiness Storehouse y ha tenido entre sus paredes a algunos de los personajes más implicados en la lucha por la independencia de Irlanda. Este emblema dublinés es como dar un paseo por la historia de su independencia.
18. Antigua Destilería de Jameson
Antiguamente fue una de las destilerías más famosas, desde dónde salía este famoso alcohol irlandés y que hoy alberga el Museo del Whisky. 
19. Castillo de Malahide 
A escasos 15-20 km de la ciudad, se llega con el DART y también con varios autobuses que la conectan desde el centro de la capital. Si te apetece salir un poco de la rutina capitalina, Malahide es un lugar ideal para hacerlo, con su bonito castillo, unos jardines que invitan a pasar todo el día y una zona verde dónde multitud de gente se estira a hacer el picnic del domingo. Un lugar perfecto para un día al aire libre a escasos kilómetros de la ciudad. 
El bonito castillo de Malahide
20. Cementerio de Glasnevin

Nosotros no pudimos ir ya que queda algo alejado del centro, pero desde luego, si puedes dedicarle un rato es una de esas visitas que no dejan indiferente, con misterios y leyendas entre sus decenas de tumbas. A ver si te atreves a pasear entre ellas...

lunes, 27 de marzo de 2017

Lanzarote: guía para visitar la isla de fuego y volcanes.

Lanzarote es tierra de fuego y volcanes. La tercera isla más poblada del archipiélago canario es un destino idílico en cualquier época del año gracias a sus amables temperaturas, pero también a la infinidad de atractivos que concentra en su no demasiada extensa superficie.

Lo ideal es ir fuera de temporada alta y así disfrutar de este paraje de una manera mucho más tranquila, alquilar un coche y recorrer la isla saboreando cada rincón. Nosotros fuimos una semana después de semana santa y la isla estaba prácticamente desierta, pudiendo incluso disfrutar de algunas de sus mejores playas casi en solitario, una experiencia que ha clavado Lanzarote en mi memoria.

La isla de Lanzarote se adapta a todas las necesidades y tipos de visitantes, desde escapadas hasta estancias de una semana en las que se puede conocer mejor todo su territorio, explorar lugares algo más recónditos o realizar alguna de las caminatas que se organizan desde el Ministerio encargado de gestionar los Parques Nacionales. Pero, ¿cuáles son los atractivos principales que ofrece Lanzarote? 

Las vistas desde cualquier punto de la isla son sensacionales

En nuestra estancia de una semana en la isla, alquilamos un coche -algo que recomendamos encarecidamente, por las facilidades que esto ofrece- y recorrimos todos sus rincones. Después de la visita a la isla y haciendo una valoración de sus principales puntos de interés, estos son los lugares que creemos indispensables para no olvidar nunca Lanzarote:

1. Playa de Papagayo


Unas de las playas que no se debe dejar de visitar, Papagayo está considerada cómo una de las joyas de la corona de la isla. Los aproximadamente dos kilómetros de costa que van formando diferentes calas a las que se tiene acceso, conforman una paraje idílico que ha sido catalogado como parque nacional, por lo que si deseas entrar en coche hay que pagar una cantidad simbólica (aunque también se puede llegar caminando y sin pagar). Su arena blanca, sus aguas cristalinas y su localización, al sur de la isla dónde el viento no acecha con tanta intensidad y el clima es mucho más relajado, convierten a las playas de Papagayo en un lugar maravilloso incluso, para ver las puestas de sol al final de un buen día de playa.

2. Playa de Famara

Paraíso para los surfistas, que se acercan en masa a esta bonita playa con las montañas de las Peñas del Chache (670 m) como telón de fondo. Y si los surfistas van es porque hace viento, así que pese a que se antoja imprescindible acercarse aunque sea a verla, fuera de la temporada de verano el viento azota con fuerza y se hace más difícil tener un momento relajado. Pese a esto, es una de las playas más bonitas de la isla.

3. El Golfo

Otro de los lugares que te dejan con la boca abierta y es que, es un privilegio poder ver un cráter a nivel del mar. Como consecuencia de las erupciones de 1730 se formó esta zona que ahora se conoce como El Golfo. Allí puedes acercarte al mirador o realizar una de las rutas que organiza el Ministerio, de varias horas de duración aunque de nula dificultad, y con un guía local que harán que la jornada sea insuperable. Para realizar estas rutas, las plazas son limitadas y tienes que apuntarte antes en la web de parques nacionales gestionados desde el Ministerio.

Puedes hacer desde aquí tu reserva para cualquiera de las rutas en la isla deLanzarote. 

4. Lagomar, la antigua casa de Omar Shariff

Una de las sorpresas agradables de la isla. La antigua casa del famoso actor Omar Shariff es una joya que éste no supo conservar y perdió en una apuesta. El lugar se encuentra en una colina excavada en la que puedes ir subiendo y bajando escaleras, atravesando pasillos hasta llegar a alguna pequeña habitación o toparte con alguna gruta...en definitiva, es un lugar curiosísimo, pero sobretodo de una gran belleza y con unas vistas descomunales. Y lo más sorprendente: !allí vivía alguien! Hoy es lugar de visita y su bar es famoso por hacer unos deliciosos mojitos que puedes tomarte con vistas a la piscina y en un ambiente relajado.

5. Parque Nacional de Timanfaya

Un paisaje formado a base de fuego, ceniza y rocas y carente de cualquier tipo de vegetación. Las erupciones continuadas que se produjeron entre 1730 y 1736 han dejado una extensión enorme con cráteres y un paisaje que impresiona. Puedes subir hasta la parte más alta del parque en coche y ahí, dónde se encuentra el restaurante, tomar un autobús que recorre la sinuosa carretera de 14 kilómetros que se adentra en este paraje mientras te explican algunas de las características o hechos más relevantes de su formación. Si se quiere hacer alguna ruta guiada de senderismo, hay que reservarla con antelación.

6. Jameos del Agua

Uno de los lugares que más representan la omnipresencia de César Manrique en toda la isla. Esta cueva volcánica, casa, museo y hasta auditorio para conciertos es uno de los lugares más visitados de la isla y no dudes en que no te decepcionará. La simbiosis arte-medio ambiente siempre buscada por el artista y arquitecto tiene aquí su máxima expresión.

**BONO TURÍSTICO EN LANZAROTE
--> Los lugares más emblemáticos de la isla (Jameos del Agua, Timanfaya, Cueva de los Verdes, Mirador del Río, MIAC y el Jardín de Cactus) requieren del pago de entrada, pero existe la posibilidad de comprar bonos turísticos que abarcan 3, 4 o 6 centros y con ellos ahorrar algo en el conjunto de las entradas. Estos bonos pueden comprarse en cualquiera de los seis lugares mencionados.


7. Mirador del Río

En la punta norte de la isla, este mirador es un lugar privilegiado para ver la diminuta isla La Graciosa. Es uno de los puntos más visitados de la isla y con razón, porque aunque la visita es breve, las vistas bien merecen la pena.

8. Cueva de los Verdes

De nuevo estamos ante uno de los puntos con mayor afluencia de visitantes. Y de nuevo es fácil entender el motivo. La Cueva de los Verdes es un tubo volcánico en el que te adentras mediante una visita guiada para descubrir los rincones de esta formación de más de 5.000 años de antigüedad. Al final del recorrido, por si no has tenido suficiente, la cueva nos guarda una sorpresa que sólo los visitantes descubrirán y que sabréis que no tenéis que explicar a nadie.

9. Teguise

Esta pequeña población fue la antigua capital de la isla y es bonito pasear por sus empedradas calles, pero lo más importante y el motivo por el que esta villa es famosa es su mercado dominical. Cada domingo de 9 a 14h Teguise se transforma y aparca su tranquilidad para dar paso al ajetreo de los puestos de artesanía o de gastronomía local en el que es conocido como el mercadillo más famoso y más grande de las Islas Canarias.

10. Gastronomía canaria

No es un lugar, pero es algo que sin duda hay que disfrutar. La gastronomía canaria tiene un buen puñado de platos deliciosos, cómo las famosas papas arrugadas con mojo picón, quizás el plato estrella de las islas, una buena vieja fresca (pescado autóctono) o unas sensacionales lapas con mojo.

Entra aquí para descargar el mapa de Lanzarote.